El concepto anglosajón de "mood" implica no sólo o no necesariamente sólo una implantación de las nuevas tecnologías en nuestra vida profesional o pública si no además y esto es lo realmente importante y lo que en mi opinión deberíamos valorar permite que la democracia sea más participativa desde el momento en que la colaboración ciudadana con la gestión gubernamental ser favorece enormente con la entrada de las nuevas tecnologías.
Los beneficios de la gestión compartida no se quedan ahí, si no de facto suponen un menor coste en las transacciones que el Gobierno tiene necesariamente que llevar a cabo en su gestión de los asuntos públicos, de este modo, puede involucrar a los ciudadanos en el proyecto común fomentando (a través de las redes sociales por ejemplo) su participación e incluso su auto organización en asuntos que en principio y hasta ahora venía resolviendo en iniciativa exclusiva el aparato estatal.
Por otro lado, la implantación de las nuevas tecnologías en la enseñanza y sobretodo en la enseñanza pública no sólo es deseable si no que además introduce por fin a los futuros profesionales en el siglo XXI, proporcionando herramientas con un alcance que toda la historia del progeso humano no había conocido jamás.
De esta forma, las enseñanzas superiores pueden suponer una formación en la forma actual de gestionar los asuntos de una comunidad (entendida como Estado) al mismo tiempo que fomentan la cultura del auto aprendizaje guiado y del continua reciclaje profesional.
En un mundo como el que estamos viviendo, en el que las nuevas tecnologías no dejan de sorprendernos, el esfuerzo estatal debe ir dirigido no ya a seguir ampliando conocimientos por los métodos tradicionales si no a propocionar las habilidades básicas para que seamos capaces de utilizar las oportunidades que nos ofrecen las nuevas tecnologías entorno a ampliar de forma más rápida y sencilla conocimientos y entorno a participar de los problemas (y, sobretodo, de la solución de éstos) asi como de sus soluciones.
martes, 5 de marzo de 2013
¿Puede existir la democracia sin confianza?
En esta primera entrada trataré de comentar la conferencia realizada en TED por Ivan Krastev cuyo título se corresponde con el de esta entrada.
La idea central es que todo lo bueno, por muy bueno que nos parezca al mismo tiempo puede tener un aspecto negativo sobretodo si, en mi opinión, se lleva al extremo; De este modo, por ejemplo las revoluciones sociales del 1968 por un lado favorecen que el individuo se sienta más atraido por la idea de intervenir, de participar en la toma de decisiones de su país, pero al mismo tiempo, provoca que el individualismo exagerado pueda llevar a la destrucción de un próposito común para una sociedad.
Otro claro ejemplo, es la caida del comunismo y sobretodo el fin de la Guerra Fría que en principio parece hacer pensar que el fin de las hostilidades internacionales sea netamente bueno, en realidad también tiene un aspecto negativo desde el momento en que las élites que gobiernan ya no van a ver necesario contentar a la masa popular porque constituyendo una democracia no necesitan continua legitimación.
Por otro lado, una política que fomente aspecto que sin una adecuada reflexión puedan parecer buenos o acertados como por ejemplo la apertura a un mundo internacional en el que se mueven hoy día los Estados también debe ser tomado con cautelas puesto que si es cierto los inumerables e indiscutibles beneficios tanto sociales como económicos, no lo es menos que puede favorecer el crimen internacional por ejemplo a través de mafias por lo que debe ser controlado el aspecto negativo de una decisión política que a simple vista puede parecer buena.
Esto no quiere decir que el aspecto negativo de las cosas deba prevalecer al positivo, en relación a la democracia suponemos que la confianza en el sistema y en las instituciones es su mejor aliado sin embargo no nos damos verdadera cuenta de la utilidad que puede tener desconfiar en algunos puntos de sistema político que consideramos "el mejor".
Si desconfiamos de la democracia como sistema, le estaremos obligando a que nos demuestre continuamente que es el sistema más valioso y que debemos continuar creyendo en él, pero en ningún caso beneficiará a una sociedad democrática creer ciegamente en ella.
La idea central es que todo lo bueno, por muy bueno que nos parezca al mismo tiempo puede tener un aspecto negativo sobretodo si, en mi opinión, se lleva al extremo; De este modo, por ejemplo las revoluciones sociales del 1968 por un lado favorecen que el individuo se sienta más atraido por la idea de intervenir, de participar en la toma de decisiones de su país, pero al mismo tiempo, provoca que el individualismo exagerado pueda llevar a la destrucción de un próposito común para una sociedad.
Otro claro ejemplo, es la caida del comunismo y sobretodo el fin de la Guerra Fría que en principio parece hacer pensar que el fin de las hostilidades internacionales sea netamente bueno, en realidad también tiene un aspecto negativo desde el momento en que las élites que gobiernan ya no van a ver necesario contentar a la masa popular porque constituyendo una democracia no necesitan continua legitimación.
Por otro lado, una política que fomente aspecto que sin una adecuada reflexión puedan parecer buenos o acertados como por ejemplo la apertura a un mundo internacional en el que se mueven hoy día los Estados también debe ser tomado con cautelas puesto que si es cierto los inumerables e indiscutibles beneficios tanto sociales como económicos, no lo es menos que puede favorecer el crimen internacional por ejemplo a través de mafias por lo que debe ser controlado el aspecto negativo de una decisión política que a simple vista puede parecer buena.
Esto no quiere decir que el aspecto negativo de las cosas deba prevalecer al positivo, en relación a la democracia suponemos que la confianza en el sistema y en las instituciones es su mejor aliado sin embargo no nos damos verdadera cuenta de la utilidad que puede tener desconfiar en algunos puntos de sistema político que consideramos "el mejor".
Si desconfiamos de la democracia como sistema, le estaremos obligando a que nos demuestre continuamente que es el sistema más valioso y que debemos continuar creyendo en él, pero en ningún caso beneficiará a una sociedad democrática creer ciegamente en ella.
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