martes, 5 de marzo de 2013

¿Puede existir la democracia sin confianza?

En esta primera entrada trataré de comentar la conferencia realizada en TED por Ivan Krastev cuyo título se corresponde con el de esta entrada.

La idea central es que todo lo bueno, por muy bueno que nos parezca al mismo tiempo puede tener un aspecto negativo sobretodo si, en mi opinión, se lleva al extremo; De este modo, por ejemplo las revoluciones sociales del 1968 por un lado favorecen que el individuo se sienta más atraido por la idea de intervenir, de participar en la toma de decisiones de su país, pero al mismo tiempo, provoca que el individualismo exagerado pueda llevar a la destrucción de un próposito común para una sociedad.

Otro claro ejemplo, es la caida del comunismo y sobretodo el fin de la Guerra Fría que en principio parece hacer pensar que el fin de las hostilidades internacionales sea netamente bueno, en realidad también tiene un aspecto negativo desde el momento en que las élites que gobiernan ya no van a ver necesario contentar a la masa popular porque constituyendo una democracia no necesitan continua legitimación.

Por otro lado, una política que fomente aspecto que sin una adecuada reflexión puedan parecer buenos o acertados como por ejemplo la apertura a un mundo internacional en el que se mueven hoy día los Estados también debe ser tomado con cautelas puesto que si es cierto los inumerables e indiscutibles beneficios tanto sociales como económicos, no lo es menos que puede favorecer el crimen internacional por ejemplo a través de mafias por lo que debe ser controlado el aspecto negativo de una decisión política que a simple vista puede parecer buena.

Esto no quiere decir que el aspecto negativo de las cosas deba prevalecer al positivo, en relación a la democracia suponemos que la confianza en el sistema y en las instituciones es su mejor aliado sin embargo no nos damos verdadera cuenta de la utilidad que puede tener desconfiar en algunos puntos de sistema político que consideramos "el mejor".

Si desconfiamos de la democracia como sistema, le estaremos obligando a que nos demuestre continuamente que es el sistema más valioso y que debemos continuar creyendo en él, pero en ningún caso beneficiará a una sociedad democrática creer ciegamente en ella.



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